VEJEZ ACTIVA



Y de repente, una mañana de otoño, nos situamos frente al espejo y nos encontramos con una arruga en nuestra piel. No nos lo podemos creer. Al siguiente día lo mismo y al siguiente también. Hacemos esfuerzos para que nuestra elegante arruga desaparezca de nuestra cara pero cada vez se acercan más, inundando todo el cuerpo, como si fueran flores que salen de la tierra pero con una diferencia; las arrugas se quedarán con nosotros para siempre. Una señal de que algo está pasando en nuestro cuerpo. Un signo inequívoco de que el proceso de la vida sigue adelante. Deberíamos estar felices por ello.

Ya han sido creados una serie de proyectos para las personas que ocupan el primer puesto en el maratón de la vida. Dentro de ellos, hay un punto que está a la orden de día; “la vejez activa”. El objetivo, para hacernos una idea, es ofrecer diferentes programas llenos de posibilidades para que las personas mayores puedan sentirse mejor en su día-día y que esto repercuta en el futuro. Existen, dentro de esas iniciativas, un par de cosas que no comparto. Por un lado la palabra “vejez”. Una persona no se convierte en vieja por sus años sino por sus vivencias. Por otro lado, y si se me permite, tengo que decir que estoy en contra de los planteamientos generales, sobre todo, cuando estamos hablando de personas. Cada pueblo es diferente y la cultura y aficiones de sus ciudadanos también, por eso, en mi humilde opinión, pienso que son los propios ciudadanos los que deberían elegir el tipo de proyecto a seguir. Programas diseñados con acciones y pensamientos llenos de pasión, no creados en oficinas de Bilbo, Gasteiz o Donostia en los que se trabajan ideas interesantes pero que al fin y al cabo terminan siendo muy generales.

En los últimos años, hemos comenzado a hablar acerca de las personas mayores puesto que ha aumentado y sigue en ascenso la población mayor de 65 años. Caminamos ciegos por la calle pero no sabemos que el problema lo tenemos en casa. A medida que los jóvenes nos vayamos haciendo mayores, nuestros padres y madres también continuarán con su ciclo de la vida. Lo mismo ocurre con nuestros/as abuelos/as. ¿Conocemos las dificultades que la edad nos puede traer en nuestro día-día? No podemos mirar hacia otro lado, este es un trabajo que nos concierne a todos y que debería de hablarse en casa. Las arrugas aparecerán poco a poco y conviene estar preparados para afrontar con normalidad el proceso de la vida y así poder vivirla con total plenitud e independencia.

Es trabajo de todos darle un vuelco a esta situación. Dejemos guardada la palabra “vejez” en nuestros antiguos diccionarios y salgamos a la calle a tomarnos un café de realidad. Como bien me dijo una abuela –no somos viejas, viejos son los trapos-.


Juan Fernández
Alkarri Elkartea

Argazkia: Juan Fernández



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