LA LITERA DE CHISMES Y TURA: "UNA PLAZA"




Facun hoy se ha despertado con el primer rayo de sol que le ha acariciado la parte izquierda de su hombro. Duerme a veces, pero cuando duerme lo hace con la persiana abierta para que sea la naturaleza quien haga de despertador. Hoy comienza el día con especial ilusión, no más que cualquier otro día en el que se posa sobre el banco que pronto pintará su recuerdo.

Eliodoro, lee. Pasa de página y vuelve a leer. Su vista se cansa y sigue leyendo. No es fan de ninguna novela ni de ningún género nobiliario en concreto, es fan de la lectura en general, sin hacer ascos a ningún texto que se cruce en su camino. Tanto le apasiona la lectura de Borges como la del texto emplastado en el detergente con el que hace su colada una vez cada 9 días.

Francisco mira la hora. Sabe que hoy volverá a llegar pronto a buscar a sus tres nietas. Nunca pudo cuidar de sus hijos y ahora cada segundo cuenta. Como cada día de lunes a viernes se encontrará con Marisa, la frutera que se presenta en la puerta de la escuela haciendo gala del maravilloso color con el que han llegado sus frutas esta vez, una vez más.

Santi espera ansioso por mantener una conversación a sabiendas de que volverá a casa mudo, con el único premio de cuatro saludos y medio, dos a los vecinos, uno a la enfermera que le ha realizado una revisión rutinaria y medio a esa persona a la que ha saludado pero que, según su percepción no le ha correspondido el saludo. Su mente le dice que hay que seguir intentándolo pero su cuerpo ya no le sigue.

María del Carmen ha sido, es y seguirá siendo una conquistadora nata. Viste con un rostro serio que le ha tatuado la vida. Últimamente algo le ronda en la cabeza y sabe que las estancias en el banco de la plaza que tanto quiere le darán la respuesta. Le gusta mucho observar a conciencia, perder sus ojos en gente ajena mientras disimula desde la sombra de la experiencia.

Charo no quiere quedarse atrás y a pesar de estar en contra de tanta tecnología sabe que primero le tiene que dar una pequeña oportunidad, por eso ha solicitado ayuda, sabía que en ese banco podría encontrarla y así ha sido. No tiene mucho tiempo antes de volver a casa, allí le esperan 135 primeros platos, 135 segundos platos y 135 postres, pero como siempre, ya ha dejado casi todo adelantado.

Rebeca se relaja bajo la sombra antes de abrir la persiana de sus sueños. Tras muchos años de trabajo al fin lo ha conseguido. Los pronósticos no eran nada buenos pero el cariño con el que vistió cada esquina de su idea ha sido suficiente. Tiene motivos para estar cansada pero también para sonreír. Lleva años buscando el equilibrio en forma de regalo a la vida.

Manuel espera sin ser consciente de ello. Su situación ha cambiado en los últimos tiempos y ya no se siente. Observa la casa de en frente, la de al lado, la tienda de perfumes… algún día estuvo dentro y junto a él, su felicidad y la de su entorno. Quiere olvidar pero sus hombros le insisten en recordar aquellos maravillosos años.

Juan Fernández
Alkarri Elkartea

Fotografía: Juan Fernández



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